Los chilenos alardeamos de poseer records que otros preferirían callar. Pero así somos los chilenos.
El terremoto más fuerte de la historia, la educación mas cara del mundo, el país latino con mayores diferencias sociales, costas del mundo con mayor numero de naufragios y vamos contando.
Patético.
Chile es como un país yeta, donde Merphi instalo su oficina central y nos tiene a todos trabajando: lo que puede salir mal, saldrá mal.
Pero no es fácil darse cuenta de eso cuando estas instalado con camas y petacas en este recóndito lugar del planeta.
Es un país maravilloso, sin lugar a dudas, pero es como un paradisiaco infierno donde Dios nos pone a prueba en cada minuto y respiro. A prueba por qué? bueno, he ahí la cuestión.
Chile es como una jaula encantada, maravillosa, rodeada de montanas majestuosas, donde vivimos aislados del mundo; pero no lo suficiente como para no copiar lo que viene de afuera e ir perdiendo identidad.
Por ejemplo, alguien podría explicarme en qué momento a los Santiaguinos les dio por hablar con acento argentino e imitar la soberbia porteña?. Increíble. Nada en contra de este pueblo hermano, pero ellos son ellos y nosotros nosotros.
Ah, siempre el chileno tratando de encontrar su identidad en los defectos de los otros, a pesar de que la respuesta la hemos tenido siempre al alcance de la mano y que lamentablemente aparece solo cada vez que a la Tierra le da por zamarrearse en nuestras costas: somos solidarios, los más solidarios del mundo y eso es algo de lo que deberíamos alardear con orgullo cada vez que alguien nos pregunta como son los chilenos. Porque somos una tierra golpeada por tragedias, pero siempre nos levantamos y ayudamos al que está al lado y hemos sido capaces de construir un país en vías de desarrollo que no tiene nada que envidiarle al resto del mundo, porque lo tenemos TODO, nos tenemos a nosotros mismos.
Un país sin mayores riquezas, sin las riquezas de sus vecinos, que se ha convertido en un ejemplo latiamericano. Un país angosto y largo, golpeado de vez en cuando y de cuando en vez por alguna de esas tragedias dignas de Guinness. Sequias, terremotos, maremotos, inundaciones, heladas... y ahí seguimos nosotros "echándole pa delante".
Pero los chilenos somos discriminadores, clasistas y racistas y podríamos dividirnos en dos grupos que si lo analizamos un poco, saltan a la vista: están los discriminadores y por otro lado los resentidos.
Si por una sola vez, los que van a golpearse el pecho a la iglesia los domingos, abrieran los ojos cuando le entregan una moneda al mendigo de la puerta y lo vieran, o los resentidos dejaran de estarlo por herencia, Chile seria un país maravilloso, unido, aun más fuerte, aun mas admirable. Porque somos todos iguales y todos tenemos los mismos derechos. Porque somos todos hijos de una misma tierra, porque somos todos de una u otra forma hijos del rigor. No puede ser de otra manera si naciste en Chile.
Si los que lo tienen todo dieran hasta que les duela y los que no tienen nada agradecieran lo que reciben y no esperaran que las cosas les llegaran en bandeja, Chile seria potencia.
Si dejáramos la soberbia, el egoísmo, la intolerancia; si dejáramos atrás los rencores, los recuerdos desgastantes; si nos ayudáramos unos a otros no solo para cuando el país se cae a pedazos por una tragedia de la naturaleza...
Pero apesar de todo lo importante que es lo anterior, hay varias cosas sencillas que me han impresionado al volver después de años al país. Lo más importante, es esta sensación de que Santiago vive de luto.
Maravillosa ciudad Santiago, con sus edificios altos, modernos, ascensores y estacionamientos que hablan, tren subterráneo brillante, limpio y luminoso y una cordillera que cuando se ve, nos deja a todos con la boca abierta, como si fuera nuevamente, la primera vez que la admiramos.
Pero el problema de Santiago no es la ciudad: es su gente. Agresivos, mal educados, soberbios, alterados, depresivos, estresados. Es cosa de caminar lentamente por el centro de la ciudad cualquier día de semana: gente empujando sin es mas mínimo respeto, micreros cuasi asesinos, taxistas que creen estar en una carrera de autos chocadores, bocinazos, contaminación, ruido, ruido y más ruido.
Pero si te fijas en los caminantes, tendrás más de una razón para unirte al club de depresivos: el chileno está siempre vestido de luto y lo lleva como tal. Cabizbajo, silencioso, serio. El color que abunda es el negro y los grises en todas sus gamas. Por qué? nunca antes lo había notado.
Años atrás alguien que lleva años viviendo afuera me lo dijo, pero en ese momento creí que era una exageración: "las vitrinas están manchadas de negro" me dijo. Y tenía razón. El chileno se viste de luto. Tal vez por eso somos un país yeta. Tal vez. O tal vez como somos yeta, el negro es nuestro color favorito.
Pero la moraleja de todo esto, es que sería mejor si aprendiéramos a ver el vaso medio lleno y no medio vacío, que por primera vez en la vida y para siempre, nos demos cuenta de que apesar de nuestras desgracias y diferencia, nos tenemos los unos a los otros como una gran familia, con virtudes y defectos, pero que siempre estará para cuidarte de quien te agreda y para defenderte como gato de espaldas aunque jamás haya estado de acuerdo contigo.
VIVA CHILE MIERDA!!!