Estoy aquí, sentada frente al computador sabiendo que hay tantas cosas que decir y sin saber por donde empezar.
Hay noches en que me desvelo y deseo levantarme de la cama y correr al computador a escribir un millón de pensamientos y experiencias para compartir con los que amo.
Supongo que creen que la distancia es parte de mi personalidad y los que me quieren ya se resignaron a ello, pero no es así. Es aún más difícil de explicar y no sé por dónde empezar...
Ya va más de un año en estas tierras lejanas.
Ayer pensaba que mi personaje en esta historia es algo así como Tristan en “leyendas de pasión”, con la diferencia de que yo tengo familia, hijos, auto, internet, teléfono... Ok. Tal vez no me parezco tanto... Pero no es en "eso" a lo que me refiero similar.
Tristan lo dejaba todo, todo lo que más amaba, sabiendo que debía buscar en tierras lejanas el equilibrio. (Debo admitir que con tanto "ruido" a mí me ha llevado más tiempo de lo que esperaba encontrarlo).
Supongo que siempre desee ser como esos hijos pródigos que dejan el hogar para volver algún día renovados. Pero extraño. Cada día extraño a mi familia, mi ciudad, mi país, el océano, Algarrobo, la cordillera. Sentarte frente al mar y saberte libre.
Somos muy afortunados de la patria que tenemos y nos cuesta tanto reconocerlo.
Extraño los domingos en casa de los Urquieta, los fríos fines de semana de invierno en mi gélida pieza de la parcela, caminar con mi marido por las áridas calles de Alcázar y preguntarnos qué será de nuestro futuro, o las noches en familia en el living de la casa de cristal...
Pero, adoro este país. Mentiría si digo que fue amor a primera vista, (porque eso lo he vivido solo una vez en mi vida y fue hace ya 12 años atrás), pero lo amo. Amo su frio invierno, su paz, su seguridad, su gente, su composición de miles de rostros y tipos de personas de diferentes mundos, con diferentes costumbres. Pero amar otra tierra no significa haber dejado de amar la anterior, es sólo haber logrado encontrar dos hogares dentro de un mismo planeta.
Y debo admitir que ese "loco" amor que siento por uno de los paisajes mas maravillosos que he tenido oportunidad de presenciar, se genero el día que nació mi segundo hijo. Antes de eso solo quería arrancar, correr, volar y volver a la seguridad de la patria. Pero con el nacimiento de Enzo, me di cuenta que todo lo que tengo y todo lo que he construido es mitad de aquí y mitad de allá. El cuarto de la familia tiene pasaporte canadiense y eso es algo imposible de cambiar.
Mi descendencia tiene raíces en estas tierras y eso hace ver las cosas con otro cristal de un día para otro, de un minuto para otro. Y cuando pienso en Chile se que no estoy preparada para volver. Si veo, si siento, si recuerdo, tal vez me cueste demasiado tomar un avión de regreso al norte y saberme a miles de kilómetros nuevamente.
Pero eso no es falta de amor. Nunca lo ha sido, y la soledad a veces te quita el sueno...
2 comentarios:
Jazmin, he llegado a tu blog al ver que te habías hecho seguidora del mío. He leído con atención tus post y me han llenado de emoción y ternura. Qué bien relatas tus sentimientos!! Desde hoy tienes una fan incondicional.
un abrazo desde Galicia
Gracias Pilar por tus halagadores comentarios. Tu pagina tambien es muy buena y agradable de leer, por eso te sigo.
Un abrazo para ti tambien y espero poder seguir deleitandome con tu arte.
Publicar un comentario